domingo, 3 de julio de 2011

Maratón de Lectura 2011 (7)

Federico García Lorca: PRENDIMIENTO DE ANTOÑITO EL CAMBORIO CAMINO DE SEVILLA

A Margarita Xirgu

Antonio Torres Heredia,

hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.


Moreno de verde luna,
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.


El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.

-Antonio, ¿quién eres tú?

Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.


A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.



MUERTE DE ANTOÑITO EL CAMBORIO

A José Antonio Rubio Sacristán


Voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.


-Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:


¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
-Mis cuatro primos Heredias,
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
-¡Ay, Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
-¡Ay, Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.


Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.


Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansados
encendieron un candil.


Y cuando los cuatros primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.



Maratón de Lectura 2011 (6)

MIGUEL DE UNAMUNO: "La tía Tula" (fagmento)

Era a Rosa y no a su hermana Gertrudis, que siempre salía de casa con ella, a quien ceñían aquellas ansiosas miradas que les enderezaba Ramiro. O, por lo menos, así lo creían ambos, Ramiro y Rosa, al atraerse el uno al otro.

Formaban las dos hermanas, siempre juntas, aunque no por eso unidas siempre, una pareja al parecer indisoluble, y como un solo valor. Era la hermosura espléndida y algún tanto provocativa de Rosa, flor de carne que se abría a flor del cielo a toda luz y todo viento, la que llevaba de primera vez las miradas a la pareja; pero eran luego los ojos tenaces de Gertrudis los que sujetaban a los ojos que se habían fijado en ellos y los que a la par les ponían raya. Hubo quien al verlas pasar preparó algún chicoleo un poco más subido de tono; mas tuvo que contenerse al tropezar con el reproche de aquellos ojos de Gertrudis, que hablaban mudamente de seriedad. «Con esta pareja no se juega», parecía decir con sus miradas silenciosas.

Y bien miradas y de cerca aún despertaba más Gertrudis el ansia de goce. Mientras su hermana Rosa abría espléndidamente a todo viento y toda luz la flor de su encarnadura, ella era como un cofre cerrado y sellado en que se adivina un tesoro de ternuras y delicias secretas.

Pero Ramiro, que llevaba el alma toda a flor de los ojos, no creyó ver más que a Rosa, y a Rosa se dirigió desde luego.

––¿Sabes que me ha escrito? ––le dijo esta a su hermana.

––Sí, vi la carta.

––¿Cómo? ¿Que la viste? ¿Es que me espías?

––¿Podía dejar de haberla visto? No, yo no espío nunca, ya lo sabes, y has dicho eso no más que por decirlo...

––Tienes razón, Tula; perdónamelo.

––Sí, una vez más, porque tú eres así. Yo no espío, pero tampoco oculto nunca nada. Vi la carta.

––Ya lo sé; ya lo sé...

––He visto la carta y la esperaba.

––Y bien, ¿qué te parece–– de Ramiro?

––No le conozco.

––Pero no hace falta conocer a un hombre para decir lo que le parece a una de él.

––A mí, sí.

––Pero lo que se ve, lo que está a la vista...

––Ni de eso puedo juzgar sin conocerle.

––¿Es que no tienes ojos en la cara?

––Acaso no los tenga así ...; ya sabes que soy corta de vista.

––¡Pretextos! Pues mira, chica, es un guapo mozo.

––Así parece.

––Y simpático.

––Con que te lo sea a ti, basta.

––Pero ¿es que crees que le he dicho ya que sí?

––Sé que se lo dirás al cabo, y basta.

––No importa; hay que hacerle esperar y hasta rabiar un poco...

––¿Para qué?

––Hay que hacerse valer.

––Así no te haces valer, Rosa; y ese coqueteo es cosa muy fea.

––De modo que tú...

––A mí no se me ha dirigido.

––¿Y si se hubiera dirigido a ti?

––No sirve preguntar cosas sin sustancia.

––Pero tú, si a ti se te dirige, ¿qué le habrías contestado?

––Yo no he dicho que me parece un guapo mozo y que es simpático, y por eso me habría puesto a estudiarle...

––Y entretanto si iba a otra...

––Es lo más probable.

––Pues así, hija, ya puedes prepararte...

––Sí, a ser tía.

––¿Cómo tía?

––Tía de tus hijos, Rosa.

––¡Eh, qué cosas tienes! ––y se quebró la voz.

––Vamos, Rosita, no te pongas así, y perdóname ––le dijo dándole un beso.

––Pero si vuelves...

––¡No, no volveré!

––Y bien, ¿qué le digo?

––¡Dile que sí!

––Pero pensará que soy demasiado fácil...

––¡Entonces dile que no!

––Pero es que...

––Sí, que te parece un guapo mozo y simpático. Dile, pues, que sí y no andes con más coqueterías, que eso es feo. Dile que sí. Después de todo, no es fácil que se te presente mejor partido. Ramiro está muy bien, es hijo solo...

––Yo no he hablado de eso.

––Pero yo hablo de ello, Rosa, y es igual.

––¿Y no dirán, Tula, que tengo ganas de novio?

––Y dirán bien.

––¿Otra vez, Tula?

––Y ciento. Tienes ganas de novio y es natural que las tengas. ¿Para qué si no te hizo Dios tan guapa?

––¡Guasitas no! ,

––Ya sabes que yo no me guaseo. Parézcanos bien o mal, nuestra carrera es el matrimonio o el convento; tú no tienes vocación de monja; Dios te hizo para el mundo y el hogar..., vamos, para madre de familia... No vas a quedarte a vestir imágenes. Dile, pues, que sí.

––¿Y tú?

––¿Cómo yo?

––Que tú, luego...

––A mí déjame.

Al día siguiente de estas palabras estaban ya en lo que se llaman relaciones amorosas Rosa y Ramiro.

Maratón de Lectura 2011 (5)

Miguel de Unamuno: "Blas el bobo"

Blas, el bobo de la aldea,
vive en no quebrado arrobo;
La aldea es de Blas el bobo,
pues toda a Blas le recrea.

Blas, que se crió desde niño
sin padres, con madre moza,
en una perdida choza,
libre de carnal cariño;

Blas, tradición la más pura,
sabe todo el calendario,
reza a la tarde el rosario
y le ayuda a misa al cura.

Gracias a Blas el bendito
no descarga Dios su vara
sobre la aldea, la ampara
Blas, botón del infinito.


De Fuerteventura a París

A un hijo de españoles arropamos
hoy en tierra francesa; el inocente
se apagó-¡feliz él!-sin que su mente
se abriese al mundo en que muriendo vamos.

A la pobre cajita sendos ramos
echamos de azucenas-el relente
llora sobre su huesa-, y al presente
de nuestra patria el pecho retornamos.

"Ante la vida cruel que le acechaba,
mejor que se me muera"-nos decía
su pobre padre, y con la voz temblaba;

era de otoño y bruma el triste día
y creí que enterramos-¡Dios callaba!-
tu porvenir sin luz, ¡España mía!


"Madre, llévame a la cama"

Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.


No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.


¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.


¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver....
Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.

Maratón de Lectura 2011 (4)

Ramón del Valle-Inclán: "Tirano Banderas" (fragmento, segunda parte, libro primero)

III

El Casino Español —floripondios, doradas lámparas, rimbombantes moldurones— estallaba rubicundo y bronco, resonante de bravatas. La Junta Directiva clausuraba una breve sesión, sin acta, con acuerdos verb

ales y secretos. Por los salones, al sesgo de la farra valentona, comenzaban solapados murmullos.

Pronto corrió, sin recato, el complot para salir en falange y deshacer el mitin a estacazos. La charanga gachu

pina resoplaba un bramido patriota: Los calvos tresillistas dejaban en el platillo las puestas: Los cerriles del dominó golpeaban con las fichas y los boliches de gaseosas; los del billar salían a los balcones blandiendo los tacos. Algunas voces tartufas de empeñistas y abarroteros, reclamaban prudencia y una escolta de gendarmes para garantía del orden. Luces y voces ponían una palpitación chula

y politiquera en aquellos salones decorados con la emulación ramplona de los despachos ministeriales en la Madre Patria: De pronto la falange gachupina acudió en tumulto a los balcones. Gritos y aplausos:

—¡Viva España!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva el General Banderas!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva la raza latina!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva el General Presidente!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva Don Pelayo!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva el Pilar de Zaragoza!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva Don Isaac Peral!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva el comercio honrado!

— ¡Viva! (todos)

—¡Viva el Héroe de Zamalpoa!

— ¡Viva! (todos)

En la calle, una tropa de caballos acuchillaba a la plebe ensabanada y negruzca, que huía sin sacar el facón del pecho.

IV

Bajo la protección de los gendarmes, la gachupia balandrona se repartió por las mesas de la terraza. Desafíos, jactancias, palmas. Don Celes tascaba un largo veguero entre dos personajes de su prosapia: Míster Contum, aventurero yanqui con negocios de minería, y un estanciero español, señalado por su mucha riqueza, hombre de cortas luces, alavés duro y fanático, con una supersticiosa devoción por el principio de autoridad que aterroriza y sobresalta. Don Teodosio del Araco, ibérico granítico, perpetuaba la tradición colonial del encomendero. Don Celes peroraba con vacua egolatría de ricacho, puesto el hito de su elocuencia en deslumbrar al mucamo que le servía el café. La calle se abullangaba. La pelazón de indios hacía rueda en torno de las farolas y retretas que anunciaban el mitin. Don Teodosio, con vinagre de inquisidor, sentenció lacónico:

—¡Vean no más, qué mojiganga!

Se arreboló de suficiencia Don Celes:

—El Gobierno del General Banderas, con la autorización de esta propaganda, atestigua su respeto por todas las opiniones políticas. ¡Es un acto que acrecienta su prestigio! El General Banderas no teme la discusión, autoriza el debate. Sus palabras, al conceder el permiso para el mitin de esta noche, merecen recordarse: «En la ley encontrarán los ciudadanos el camino seguro para ejercitar pacíficamente sus derechos.» ¡Convengamos que así sólo habla un gran gobernante! Yo creo que se harán históricas las palabras del Presidente. Apostilló lacónico Don Teodosio del Araco:

—¡Lo merecen!

Míster Contum consultó su reloj:

—Estar mucho interesante oír los discursos.

Así mañana estar bien enterado mí. Nadie lo contar mí. Oírlo de las orejas.

Don Celes arqueaba la figura con vacua suficiencia.

—¡No vale la pena de soportar el sofoco de esa atmósfera viciada!

—Mí interesarse por oír a Don Roque Cepeda.

Y Don Teodosio acentuaba su rictus bilioso:

—¡Un loco! ¡Un insensato! Parece mentira que hombre de su situación financiera se junte con los rotos de la revolución, gente sin garantías.

Don Celes insinuaba con irónica lástima:

—Roque Cepeda es un idealista.

—Pues que lo encierren.

—Al contrario: Dejarle libre la propaganda. ¡Ya fracasará!

Don Teodosio movía la cabeza, recomido de suspicacias:

—Ustedes no controlan la inquietud que han llevado al indio del campo las predicaciones de esos perturbados. El indio es naturalmente ruin, jamás agradece los beneficios del patrón, aparenta humildad y está afilando el cuchillo: Sólo anda derecho con el rebenque: Es más flojo, trabaja menos y se emborracha más que el negro antillano. Yo he tenido negros, y les garanto la superioridad del moreno sobre el indio de estas Repúblicas del Mar Pacífico.

Dictaminó Míster Contum, con humorismo fúnebre:

—Si el indio no ser tan flojo, no vivir mucho demasiado seguros los cueros blancos en este Paraíso de Punta de Serpientes.

Abanicándose con el jipi, asentía Don Celes:

—¡Indudable! Pero en ese postulado se contiene que el indio no es apto para las funciones políticas.

Don Teodosio se apasionaba:

—Flojo y alcoholizado, necesita el fustazo del blanco que le haga trabajar y servir a los fines de la sociedad.

Tornó el yanqui de los negocios mineros:

—Míster Araco, si puede estar una preocupación el peligro amarillo, ser en estas Repúblicas.

Don Celes infló la botarga patriótica, haciendo sonar todos los dijes de la gran cadena que, tendida de bolsillo a bolsillo, le ceñía la panza:

—Estas Repúblicas, para no desviarse de la ruta civilizadora, volverán los ojos a la Madre Patria. ¡Allí refulgen los históricos destinos de veinte naciones!

Mister Contum alargó, con un gesto desdeñoso, su magro perfil de loro rubio:

—Si el criollaje perdura como dirigente, lo deberá a los barcos y a los cañones de Norteamérica.

El yanqui entornaba un ojo, mirándose la curva de la nariz. Y la pelazón de indios seguía gritando en torno de las farolas que anunciaban el mitin:

—¡Muera el Tío Sam!

— ¡Muera! (todos)

—¡Mueran los gachupines!

— ¡Muera! (todos)

—¡Muera el gringo chingado!

— ¡Muera! (todos)



A propósito do fragmento de "Tirano Banderas"...

Hai fragmentos que cobran vida por eles mesmos e isto foi o que aconteceu con estas páxunas da obra de Valle-Inclán.

Cada vez que se lían nos ensaiosamosaban novosmaties, ata tal ponto que algunhas persoas sentron a necesidade de reler a novela, pois na súa primeira lectura non apreciaran tódolos ses valores en profundidade.

Este é un dos valores das Maratóns de lectura, o de "redescubrir" algunhas obras e algúns autores.

¡Grazas á Fundación Eugenio Granell por darnos tódolos anos a oportunidade de participar neste evento!

Maratón de Lectura 2011 (3)


Romance Satírico, de Francisco de Quevedo

Pues nos hacéis casamenteras,

Ángela de Mondragón,
escuchad de vuestro esposo
las grandezas y el valor.

Él es un Médico honrado,
por la gracia del Señor,
que tiene muy buenas letras
en el cambio y el bolsón.

Quien os lo pintó cobarde
no lo conoce, y mintió,
que ha muerto más hombres vivos
que mató el Cid Campeador.

En entrando en una casa
tiene tal reputación,
que luego dicen los niños:
«Dios perdone al que murió».

Y con ser todos mortales
los Médicos, pienso yo
que son todos veniales,
comparados al Doctor.

Al caminante, en los pueblos
se le pide información,
temiéndole más que a la peste
de si le conoce o no.

De Médicos semejantes
hace el Rey nuestro Señor
bombardas a sus castillos,
mosquetes a su escuadrón.

Si a alguno cura, y no muere,
piensa que resucitó,
y por milagro le ofrece
la mortaja y el cordón.

Si acaso estando en su casa
oye dar algún clamor,
tomando papel y tinta
escribe: «Ante mí pasó».

No se le ha muerto ninguno
de los que cura hasta hoy,
porque antes que se mueran
los mata sin confesión.

De envidia de los verdugos
maldice al Corregidor,
que sobre los ahorcados
no le quiere dar pensión.

Piensan que es la muerte algunos;
otros, viendo su rigor,
le llaman el día del juicio,
pues es total perdición.

No come por engordar,
ni por el dulce sabor,
sino por matar la hambre,
que es matar su inclinación.

Por matar mata las luces,
y si no le alumbra el sol,
como murciégalo vive
a la sombra de un rincón.

Su mula, aunque no está muerta,
no penséis que se escapó,
que está matada de suerte
que le viene a ser peor.

Él, que se ve tan famoso
y en tan buena estimación,
atento a vuestra belleza,
se ha enamorado de vos.

No pide le deis más dote
de ver que matáis de amor,
que en matando de algún modo
para en uno sois los dos.

Casaos con él, y jamás
viuda tendréis pasión,
que nunca la misma muerte
se oyó decir que murió.

Si lo hacéis, a Dios le ruego
que os gocéis con bendición;
pero si no, que nos libre
de conocer al Doctor.

Maratón de Lectura 2011 (2)


Félix Lope de Vega:

Dous sonetos

Un soneto me manda hacer Violante

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto
;

catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.


Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.


















Ya no quiero más bien que sólo amaros

Ya no quiero más bien que sólo amaros

ni más vida, Lucinda, que ofreceros
la que me dais, cuando merezco veros,
ni ver más luz que vuestros ojos claros.

Para vivir me basta desearos,

para ser venturoso conoceros,
para admirar el mundo engrandeceros
y para ser Eróstrato abrasaros.

La pluma y lengua respondiendo a coros

quieren al cielo espléndido subiros
donde están los espíritus más puros.

Que entre tales riquezas y tesoros

mis lágrimas, mis versos, mis suspiros

de olvido y tiempo vivirán seguros.